Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
En este poema de Francisco de Quevedo podemos observar un pesimismo aludido y la presencia de la muerte que estaba presente en la época. Este soneto nos describe la difilculdad que tiene una persona en olvidar el recuerdo de la muerte. Y por esa razón explica el autor que vaya a donde vaya iba a sentir la muerte.
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